Llegó a mis manos a través de mis padres, que lo estaban leyendo y haciendo un análisis en el club de lectura para jubilados. A mi madre, que ya había leído "La piel fría", le fastidiaba que el autor pusiera seres extraños en los libros, y pensaba preguntarle, cuando el mismo fuese al club, dos semanas después, si era su condición de antropólogo lo que le empujaba a hacer esto.
Inevitablemente el libro me produjo curiosidad, y empecé a leerlo.
Y la verdad es que no comparto la visión que de él tiene mi madre.
La historia me parece un ejercicio extraordinario de imaginación, en el que se mezclan varias novelas en el interior de una sola. En una se nos cuenta, en primera persona, la vida de un escritor de talento pero un poco ingenuo y tal vez conformista, sus peripecias en la pensión donde convive con personajes tan originales y divertidos como una tortuga sin caparazón. La evolución del protagonista se va trenzando y es consecuencia, a lo largo del libro, de las otras historias que contiene.
La increíble historia de los dos hermanos ingleses que se van al Congo a buscar fortuna, acompañados del fiel sirviente Marcus, que al volver del Congo termina en la cárcel, y desde allí cuenta a nuestro protagonista las aventuras que vivió en África, en una especia de juego extraño que pretende librar a Marcus de una condena por asesinato.
El relato sobre el Congo emociona a nuestro protagonista y a nosotros por igual, y en la novela que hasta ahora leíamos de repente se ha mezclado la ciencia ficción, dejándonos asombrados y pendientes de darle la vuelta a cada pàgina para ver como termina todo aquello.
Mi gran sorpresa, al ver el desenlace de la historia de Marcus, es que me encontraba con un libro en las manos con demasiadas páginas sin leer para poder creer que había llegado al final.
Y es que en realidad no habíamos llegado. Al leer las peripecias de Marcus en África, no había caído en que a la historia principal todavía le faltaba un desenlace. Este último no me decepcionó en absoluto, al contrario.
La pluma de Albert Sánchez Piñol es ágil, original, y da una viveza a las descripciones que me hizo sentir totalmente inmersa en la historia, como si formara parte de ella, como si pudiera escuchar el relato del prisionero sentada al lado del protagonista, con ganas de atrapar a la tortuga sin caparazón, incluso de hablar con Tommy, el escritor, y convencerlo personalmente de que podía escribir buenos libros sin hacer de "negro" de nadie.
Los personajes son una creación, y los lazos que el autor dibuja, enreda y desenreda hasta llegar al final forman un tejido lleno de ingenio e impecable en su desarrollo.
Ha sido una lectura emocionante y divertida, y no os quiero desvelar nada más.
Os dejo unos enlaces informativos sobre el autor y el libro, y me voy a leer "La Piel fría", que de hecho escribió antes que esta, pero que yo no he descubierto hasta ahora. Ya os contaré.