Reseña de Cine
Reseña creada el:
28/01/10





CON SPOILER
Amerrika nos cuenta el relato íntimo de una madre que lucha constantemente por el futuro de su hijo, haciendo, para ello, lo que sea necesario, como trabajar en una hamburguesería o mudarse a un país extranjero. Un drama social que estamos acostumbrados a ver en el cine, con la peculiaridad de que Muna y Fadi, madre e hijo respectivamente, son palestinos que viven en Cisjordania y se mudan a una localidad de Illinois. Resultaría extraordinariamente conmovedora y realista sino empleara una crítica empañada en prejuicios y manipulada hacia la situación palestina y hacia la sociedad norteamericana.
La película canadiense, coproducida también con capital estadounidense y kuwaití, ha pasado ciertamente desapercibida en las carteleras europeas. Pese a que se llevó el premio FIPRESCI(Federación Internacional de
Para empezar, Muna y su hijo viven solos debido a que el padre de familia se fue con otra chica más joven. Muna trabaja en un banco -según relata en el film tiene dos carreras- y casi todo su dinero es para pagar el colegio privado de Fadi. Paralelamente, consiguen un permiso para emigrar a EEUU en donde vive la hermana de Muna con su familia, y Fadi, entusiasmado, consigue apagar las dudas de Muna con respecto a la partida. Durante esta introducción, lo único que vemos de Israel es el Muro defensivo –dejando de lado que se construyó como medida defensiva ante los atentados suicidas siendo la más efectiva llevada a cabo hasta la fecha reduciendo víctimas en los dos lados- de Cisjordania y los checkpoints que tiene que atravesar Muna para ir a su trabajo. Los soldados israelíes apostados en un control por el que pasan Muna y Fadi, son chulescos y prepotentes y ante una insolencia del mismo Fadi le indican que se apee del coche y le ordenan que se levante la camiseta –procedimiento rutinario para comprobar si lleva adosados explosivos al cuerpo- nada más. Intentando representar esta imagen de la represión israelí, Dabis obvia de un lado mostrar la otra cara de la moneda, la situación de los israelíes y sus víctimas y por otro, la reacción que puede tener cualquier policía del mundo occidental –no digamos la policía de los países árabes o la de los mismos policías palestinos- ante una actitud vacilante, o la vejación mayor que puede suponer pasar por el control de algún aeropuerto, en los que ya se están instalando escáneres que desnudan por completo al viajero.
El nudo de la película, ya en EEUU y después de haber sido retenidos más de tres horas en la llegada a Illinois, se centra en las impresiones que toman madre e hijo de la sociedad norteamericana que vive la resaca del 11-S y recién ha visto por televisión a su ejército entrar a sangre y fuego en Irak. La hermana de Muna está casada con un médico también palestino al que el éxito le ha sonreído hasta la psicosis de las Torres Gemelas e Irak, por lo que progresivamente se queda sin pacientes. La hija de este matrimonio comparte clase con su primo Fadi en su nuevo colegio –mostrándonos un debate en donde ella clama que hasta que no desparezca la ocupación no habrá solución y que el terrorismo está justificado porque es el único medio de lucha que tienen los palestinos- en donde recibe insultos racistas y xenófobos. En el camino, más tópicos, y palpamos una sociedad fuertemente islamófoba –nadie pone en duda el crecimiento de este sentimiento en EEUU a raíz de todo lo acontecido, pero es aberrante que la película muestre un odio y represión social cercanos a los que el pueblo alemán infringió a los judíos durante el régimen nazi-, un sistema económico que dista mucho de la imagen que nos da el sueño americano con mucho trabajo y bajos impuestos , y en suma, un escenario que los recién emigrados no esperaban para nada.
Debido a las dificultades económicas, el único trabajo que encuentra Muna es en una hamburguesería tipo McDonalds, mientras Fadi no hace más que enfrentarse a una panda de chicos que le odian por ser árabe –estos chicos aparecen estereotipados como los típicos malos de instituto en películas hollywoodienses de adolescentes- y le acusan de ser un terrorista suicida en potencia. Como si la xenofobia y la crueldad de los prejuicios adolescentes fueran un producto exclusivo made in América –habría que observar lo que pasaría si un chico norteamericano se integrara a mitad de curso en un colegio de los territorios palestinos, sobre todo en Gaza- y no sucediera en otros países.
En el desenlace, y mientras el espectador deseoso de un mensaje conciliador entre los pueblos o algún otro guiño optimista, se entabla una relación de amistad, con vistas a algo más, entre Muna y el director del colegio de Fadi, que resulta ser judío y además interviene y se responsabiliza personalmente para sacar a Fadi de la cárcel debido a un altercado que tuvo con el compañero de clase que se la tenía jurada.
Con lo que, como colofón, tenemos lo que creíamos que no iba a aparecer en la película: un judío bueno. Y el mensaje final del metraje resulta ser que, puesto que los judíos que se ven en Israel son unos asesinos represores, el único judío bueno es el que vive fuera de allí. O la máscara actual con la que se tapa el odio de siempre: antisionismo. Un panfleto, vaya.





Comentarios a esta reseña:
Megsevilla - 01/02/10

Pues fíjate, Elic, yo después de leer las críticas de Sundance estaba convencida de que era una película estupenda de ésas de cine independiente que pasan siempre sin pena ni gloria. Y soy fan de ellas.
Pero esta vez nme lo estoy pensando, despuès de leer su reseña. Muy buena, por cierto. Como todas las tuyas. Saludos.
antonalva - 02/03/10

Qué bueno poder leerte de nuevo EliC. Estuve a punto de ir a ver esta película pero había algo que no acababba de cuadrarme y creo que tu - excelente - reseña lo deja bien claro: algo me presagiaba el tufo a panfleto que describes. ¡Qué triste seguir así una y otra vez!
Un fuerte abrazo