Reseña de Cine
Reseña creada el:
02/02/08





La historia que nos cuenta esta película es la de dos hermanos, Joe (George Raft) y Paul Fabrini (Humphrey Bogart). Ambos son camioneros y trabajan a destajo para malvivir y pagar las letras del camión a un usurero. Están hartos de conducir durante jornadas interminables, para un intermediario que se lleva los beneficios y les traiciona a la primera ocasión. Por si fuera poco, están poniendo en peligro sus vidas ante su mayor enemigo: El sueño.
Sólo tienen dos alternativas para salir de su peligrosa forma de vida. Una es conducir para una empresa, que les pagará un mísero salario pero les hará trabajar ocho horas, y la otra es establecerse por su cuenta, comprando las cargas, transportándolas, y vendiéndolas luego en los mercados directamente.
Paul es partidario de la primera opción, puesto que está casado y su situación actual apenas le permite ver a su mujer, además de no poder cumplir los deseos de ésta de tener hijos, agobiado por su situación económica en el límite de la pobreza.
Joe, sin embargo, prefiere la segunda opción. Es soltero, y ambiciona progresar poco a poco, hasta conseguir tener una flota de camiones.
Al final rompen con su jefe y ayudados por Ed Carlsen (Alan Hale), un antiguo amigo de Joe que ha triunfado y tiene una gran empresa de transportes, compran un cargamento de limones, que transportan a la ciudad, confiando en obtener un buen beneficio. La habilidad de Joe en el regateo hace que lo consigan, pero en el siguiente viaje Paul se queda dormido al volante y sufren un grave accidente.
Ed contrata a Joe como jefe de garaje, que en su tarea sufrirá, más que los probl
emas de retrasos y averías de los camiones, el acoso al que le somete la mujer de Ed, Lana (Ida Lupino), que está dispuesta a todo para conseguir sus favores, y además lo va a demostrar.
Lo que en un principio podía ser considerado como un drama social, dará un giro inesperado convirtiéndose en una historia de cine negro, con femme fatale, asesinato y posterior juicio.
La película es destacable por varios motivos. Si hablamos de los actores, podemos destacar la presencia como protagonista de la historia de un George Raft que no sabemos muy bien si sufrió algún trauma en el rodaje, puesto que en el año siguiente fue capaz de rechazar los papeles que interpretó su compañero Bogart en 'El último refugio' y 'El halcón maltés', un año después rechazó protagonizar 'Casablanca' y posteriormente 'Perdición'. Habrá quien ponga en duda su talento interpretativo, pero nadie se atreverá a cuestionar su capacidad para escoger papeles. Hablando en serio, creo que en este film cumple perfectamente en su papel de duro con sentimientos.
Por otro lado está Bogart, en la que es su última aparición como secundario, puesto que sus dos siguientes papeles son las mencionadas 'El último refugio' y 'El halcón maltés', donde el mito comenzaría a forjarse.
Las actrices también son de recibo. Ann Sheridan interpreta a Cassie, la camarera descarada de la que se enamora Joe, que es capaz de dejar sin palabras a los más rudos camioneros, e Ida Lupino, que gracias a su interpretación de la desequilibrada Lana consiguió convencer a Walsh para que le diese el papel de compañera de Bogart en 'El último refugio'.
El reparto se completa con la clásica lista de secundarios que toda película Warner puede lucir con orgullo.
Walsh hace aquí gala de todas sus virtudes, realizando una interesante película con un ritmo endiablado que nos hará comprobar tras verla si nuestro reloj funciona, puesto que nos costará creer que sólo ha durado 95 minutos.
Os pongo el trailer para abrir boca.





Comentarios a esta reseña:
moBEmento - 08/02/08

Tienes toda la razón, peliculero, el ritmo de esta película es una maravilla y para mi una de las más recomendables de Walsh.
Ahora tendrás una visión de la trayectoria de Walsh envidiable, peliculero. Es curioso, cuando me empezaba a gustar el cine pensaba que este era un autor menor porque parecía que le iba todo, que resolvía los encargos con solvencia y sus obras no tenían "sello" personal. Menos mal que con el tiempo he visto que esa ausencia, el esconderse el director para ponerse al servicio de la historia, es una virtud propia de gran maestro.